El Lector  Afortunado (5)


El arte de viajar es un arte muchas veces elogiado por escritores y sujetos despiertos. Es que transportarse a tierras lejanas, donde nuestras certezas culturales muchas veces se desvanecen o se trastocan resulta una experiencia sin duda, enriquecedora. Conocer lo diverso, lo Otro cultural, las formas de vida, las creencias y las dudas de otros, que no somos nosotros, si sabemos aprovecharlo, muchas veces aplacan nuestro estupido narcicismo y nos preparan para un cierto cosmopolitsmo que, siempre resulta útil para quienes habitamos este planeta. Es preciso apuntar que este viaje puede realizarse por medios de transporte pero también con la ayuda de nuestros pies, es decir, con el divagar por una ciudad (que puede ser la nuestra) sin otro proposito que narrar las escenas que acuden a nuestra percepción, acompañadas por la memoria y la sensibilidad para componer cuadros que den una visión (fragmentaria y fugaz, pero igualmente válida) del lugar que habitamos. En este ultimo caso lo que se verifica es que lo Otro, puede estar instalado a pocas cuadras de nuestro domicilio y que, por ello es preciso tener un actitud de apertura a las distintas formas de vida que habitan nuestra ciudad o nuestro barrio.

Es de este tenor el libro que quiero recomendar hoy, a saber Cosmópolis. Del flaneur al globe-trotter, publicado por Eterna Cadencia en 2010, con una cuarentena de textos escogidos por Beatriz Colombi quien también realiza un prologo muy preciso donde afirma que: "El viaje y la crónica mantienen una estrecha correspondencia. El primero lleva a la narración y esta, a su vez, hace deseable el desplazamiento, en un circuito de complicidades mutuas e ininterrumpidas". Y también: " El viaje ha sido definido muchas veces como un género híbrido y amorfo, una encrucijada de discursos, que aloja tanto el simple deseo (wanderlust)  como el interés científico, ficicional, testimonial, autobiográfico o ensayístico" con lo cual se vuelve una crónica tanto del lugar que se visita, donde se aportan datos históricos o geográficos para justificarlo, o relatos de costumbres exóticas para sorprender al lector, pero, centralmente, lo que se busca con esos relatos es provocar un efecto de realidad, a pesar que el relato mismo, por el hecho de ser un relato, es ya una ficción. "Esta ambiguedad - sigue escribiendo Colombi - es su patrimonio y la garantía del interés en su lectura. Y por supuesto, es su mas poderoso nexo con la cronica periodística".

El flaneur, cuyo significado designa al paseante, el que se desplaza por una ciudad ajeno a los escaparates y sin otro proposito de pasear, sin rumbo fijo, procurando con ello capturar algo de lo singular de ese conglomerado urbano, tiene sus orígenes literarios en Baudelaire que escribió sobre él : "Para el perfecto flâneur, para el observador apasionado, es una alegría inmensa establecer su morada en el corazón de la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de lo fugitivo y lo infinito. Estar lejos del hogar y aun así sentirse en casa en cualquier parte, contemplar el mundo, estar en el centro del mundo, y sin embargo pasar inadvertido —tales son los pequeños placeres de estos espíritus independientes, apasionados, incorruptibles, que la lengua apenas alcanza a definir torpemente. El espectador es un príncipe que vaya donde vaya se regocija en su anonimato" (1) . También Walter Benjamin hizo del flaneur un héroe tardío, pronto a ser devorado por el triunfo de un capitalismo para quien "perder el tiempo" paseando no era más que perder dinero.

El otro extremo de el arco que este estupendo libro propone es el globe-trotter, el trotamundos, un flaneur universalizado en sus propositos aun cuando no en su estructura fundamental. Este el viajante perenne, el que se desliza por lo recovecos del planeta para alumbrar con una prosa exquisita, las singularidades y parecidos entre sociedades y sujetos. En este caso, es lo exterior, la extranjería, lo que despierta la curiosidad infinita de nuestro observador, quien a veces, no vacila en mezclarse con los naturales del lugar como una forma de atravesar, mediante identificaciones transitorias, el abismo de lo extraño, lo no familiar, lo verdaderamente angustioso, tal como lo expresa Freud en su artículo sobre lo siniestro. Este capacidad para contemplar lo Otro, sin ceder demasiado a la barbarie de creer que lo de Uno es la forma correcta de vivir, es lo que vuelve valiosos los testimonios de este libro.

Figuras como Sarmiento, Lucio V. Mansilla, Eduardo Wilde, Miguel Cané, Ricardo Palma, José Marti, Paul Groussac, Amado Nervo, Ruben Darío, José Enrique Rodó, Cesar Vallejo, Alfonso Reyes, Pablo Neruda o Roberto Arlt por citar solo algunos, son los convocados para contarnos sus viajes y deleitarnos con sus experiencias y observaciones.

Pero un detalle no menor es la inclusión en esta antología de escritoras mujeres tales como Flora Tristán, Clorinda Matto de Turner, Eduarda Mansilla y Teresa de la Parra. La primera, escritora franco peruana, militante de la emancipación femenina y socialistas utópica, la segunda, periodista y ensayista peruana, autora de la novela indigenista Aves sin Nido (1889) , la tercera, novelista argentina, precursora del desempeño femenino en las letras y periódicos nacionales y finalmente la ultima, escritora venezolana autora de Ifigenia. Diario de una señorita que escribío porque se fastidiaba (1924) considerada la primera novela moderna de Venezuela, son todas excelentes narradoras y muestran, frente a la abundancia masculina de esta antología, una precisión y cuidado por el detalle que hace que agradezcamos a la editora por su inclusión y su sensibilidad para percibir la diferencia de lo femenino en el relato de estos viajes.

Concluiré pues, esta somera y ajustada sintesis de este notable libro con una cita de uno de los textos, de un enorme poeta, Cesar Vallejo: "La historia no se narra, ni se mira, ni se escucha. La historia se vive", con lo cual quiero afirmar que algo de esta vida permanece en estas narraciones, aunque haya pasado su momento de vivirla.









































































































































































































































(1) Charles Baudelaire, "El pintor de la vida moderna" 

Alianza Editorial, 2021

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