El Lector Afortunado (2)


En febrero de 1995 se publicaba en la colección Fabula de Tusquets Editores un libro extraordinario llamado Por que leer los clásicos y su autor era el escritor italiano Italo Calvino, escritor de textos inolvidables como "El vizconde demediado" o "La ciudades invisibles" o "El castillo de los destinos cruzados". Esta vez nuestro querido escritor iba a escribir sobre otros libros, libros que el consideraba como clásicos de la literatura e iba a insistir en la importancia de leerlos y, sobre todo, de reelerlos en distintas etapas de la vida.

El libro en cuestion se subtitula pudorosamente, ensayo, y con esa denominación, modesta, que elude el tratado, la enciclopedia y aún el manual, Calvino indica su voluntad de picotear en escritos claves de la historia de la literatura para estimular el placer de leer, de volver a hacerlo y de redescubrir en cada una de estas incursiones, nuevos sentidos, nuevas aventuras y aún nuevos personajes a quienes no habíamos prestado atencion en una lectura primera.

Me detendré un instante en el texto que lleva el mismo nombre que el libro y que antecede a los treinta cinco restantes habitados por autores tan dispares como Montale, Homero, Dostoievski, Borges, Queneau, Dickens, Ovidio, Diderot y Balzac entre otros nombres más ilustres todavia. Y me detendré porque creo que ese escrito da la razón del libro del cual los 39 comentarios siguientes son aplicaciones a veces caprichosas, pero en todos los casos iluminadoras de los principios que se enuncian en este artículo.

En 14 definiciones luminosas, Calvino, define con claridad porqué hay que leer los clasícos, poniendo el acento en la experiencia novedosa que constituye cada una de esas lecturas. Así, la primera afirma que "Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oir decir: "Estoy releyendo" y nunca "Estoy leyendo",  a la que le sigue una precisión luminosa "Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado" y luego "Los clasicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetízándose con el inconsciente colectivo o individual" mostrando que "Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera" y también que "Toda lectura de un clasico es en realidad una relectura"

Sin vacilar, Calvino adjudica a los clasicos, una potencia de evocación practicamente inagotable. Por eso es que pueden leerse y releerse sin secar su sentido, sino renovándolo en cada etapa de las lecturas. Así afirma que "Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene para decir" y asimismo "Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado"

Segun Calvino, la lectura de un clasico tiene que sorprendernos en relación a la imagen que de el teníamos. Es por eso que aconseja la lectura del texto original, eludiendo los estudios críticos, las introducciones y los comentarios del mismo. Ya que "Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima" y también que "Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto mas nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad"

Es verdad que las escuelas - dice - nos brindan un numero determinado de clásicos, pero no son nuestros clásicos, los que elegiremos despúes y que no dependen necesariamente del tiempo de edición. Pueden ser libros antiquisimos o libros que se han editado hace un tiempo mas bien corto, pero que llegan a ser tus clásicos, aquellos que amamos, interrogamos y recorremos una y otra vez sin declarar una pérdida de tiempo el hacerlo. Por eso elabora una definición exigente que dice "Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes". Este libro total, puede serlo también no por afinidad con su contenido sino también por contraste. Así "Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él" y asimismo "Un clásico es un libro que está antes de otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce en seguida su lugar en la genealogía" mostrando que cada lector configura su familia de clásicos a los que recorre con particular fruición.

Las dos ultimas definiciones suponen establecer una relación del clásico con las lecturas de actualidad, allí donde estas ultimas parecen incompatibles con las primeras. Y dicen así "Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de  ese ruido de fondo" y también "Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad mas incompatible se impone", situando al clasico en una dialéctica con la actualidad que permite alternarla con una profunda lectura de su instantaneidad. Pero esto supone que hay una contradicción entre el ritmo de vida actual, mas bien acelerada y poco propicia al tiempo de los clásicos y con un eclecticismo que muchas veces nos impide confeccionar una catálogo personal de los textos que consideramos insoslayables para mantener el placer de la lectura. La unica razón que se puede oponer a esta contradiccion es - dice Calvino - que leer los clásicos es mejor que no leer los clásicos.

Y el libro continúa con mas de treinta autores de todas las epocas y de textos sorprendentes que muestra una vez más, que la lectura es una forma pequeña de sabiduría, "una magia modesta" (como diría Bioy Casares) que, al revés de lo que se argumenta en la calle con las expresiones "ratón de biblioteca" o "falto de experiencia" nos acerca a la vida al escribirla de tantas maneras que hace que sepamos que esa suma diversa de goces, estilos, modos, y la casi infinita variedad humana es lo que nos hace sujetos, al lenguaje, a la lengua y al otro, mas acá del esfuerzo de igualación con que la sociedad moderna nos empuja a cada momento.



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