El lector afortunado (6)
El universo de la ciencia actual, diverso y multifacético, tiene, sin embargo un punto en común con la magia y ese punto en común se desplaza no a la ciencia estricta sino mas bien a sus aplicaciones tecnológicas, que constituyen un espacio que muchas veces se confunde con la ciencia misma.
La tecnología, esto es los desarrollos por así decirlo práctico de ideas científicas, se caracterizan por estar dominadas por el como hacer mas que por el saber puro. O, dicho de otro modo, se trata de abordar lo real no por la pregunta por si es posible inscribirlo en el lo simbólico de nuestros discursos, sino mas bien por como hacer, dando unas series de órdenes, que el responda a nuestras sugerencias. Mas que el qué, las tecnologías se inclinan por el cómo. Como hacer que las derivaciones de la ciencia permitan que la naturaleza, ya capturada por lo simbólico, se vuelva dócil a nuestros deseos y aspiraciones. Por cierto que no se trata de condenar estas tecnologías, ya que en muchos casos resultan útiles en aplicaciones médicas, industriales, farmacológicas, estadísticas y otros ambitos de lo que se llamaba antiguamente, ciencia aplicada, y que hoy se encuentra ligada con poderosos intereses económicos que siempre ven la ocasión para producir una ganancia allí donde sea posible.
El punto que me interesa destacar es que en ese esfuerzo por hacer que los datos de una naturaleza simbolizada ya (que poco tiene entonces de natural) muchas veces se vuelven mágicos y esto no es una simple afirmación admirativa sino que participan de la magia, que está definida por Jacques Lacan como la intención de utilizar una de las causas aristotélicas, esto es, la agente, para producir efectos extraordinarios y muchas veces sin calcular sus consencuencias. Para esto las tecnologías, admiradas por los periódicos, que las saludan siempre de manera excesiva, opera siempre con un sujeto - el mago- que se atribuye ser el portador de la causa de los prodigios que alli se producen. En su momento fué una figura como Edison la que acaparó este adjetivo. Hoy tenemos otras figuras que me abstendré de mencionar que llenan, muchas veces, las paginas de diarios o canales de televisión con afirmaciones que sobre un futuro que son decididamente aventuradas.
Y, el problema es que el sujeto que sostiene esas afirmaciones "cientificas" se ha vuelto evanescente, ya que estas figuras son decididamente yoicas y no tienen una orientación por su deseo sino mas bien por una voluntad consciente que roza los limites de la paranoia de dominio, nueva forma de una locura que se expande sobre el mundo y que muchas veces es confundida con el genio científico. Desarrollan entonces tecnologías que estan gobernadas por algoritmos que opacan la presencia del sujeto del inconsciente, dado que esta instancia es algo que desaparece en el movimiento de la ciencia moderna lo que explica su enorme exito pero también un poder que está gobernado por las pulsiones de destrucción como lo muestra el desarrollo tecnológico de las armas contemporáneas.
En suma, librada a si misma, la ciencia parece tecnologizarse cada vez más, o bien, y esto es también lo interesante y de lo que trata el libro que vamos a recomendar hoy, degradarse en procedimientos tecnicos que mas remedan el ocultismo, la magia, y los saberes oscuros que la racionalidad del mecanismo científico.
En efecto, Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos, de Soledad Quereilhac, publicado en 2016 por Siglo XXI Editores, es un libro que nos muestra como la ciencia y la magia han estado ligadas en su origen, en un punto en común: la dominación de lo real, sin medir las consecuencias de este objetivo. Quereilhac apunta al entrecruzamiento de tres registros para medir el impacto de lo imaginario en los discursos pretendidamente "cientificos" de fines del sigo XIX y comienzos del XX.
"Me propuse entonces el estudio de tres ámbitos que intervinieron en la construccion de un un imaginario vulgarizado de "lo científico" y que mantuvieron fluidas relaciones entre sí: la divulgación periodística de temas científicos; el ámbito de los espiritualismos con ambiciones científicas, como el espiritismo, la teosofía y la magnetología; y por último, la literatura fantastica de tópico científico" - afirma en la introduccion y desarrolla la idea que la este cruce imaginativo produjo una transformación de la idea de lo posible en esos años.
El primero de ellos, es decir el papel de los períodicos en esta divulgación incluye artículos sorprendentes de La Prensa, La Nación y la revista Caras y Caretas, que muestran el grado de liviandad y de ignorancia de las bases profundas de la ciencia, en mucho del periodismo de la época. Sus artículos lograban " informar, entretener, y jugar al ensueño social en clave cientificista" impulsando una difusion del ocultismo y lo espiritual, a la par que se protestaba por la ola de misticismo de fin de siglo, dotando a lo real de una inestabilidad que mas bien confundía al lector no versado en ciencias. Esta ciencia imaginada y ligada a los poderes de una prensa que se pretende un servicio veraz de la opinión publica, sostenía por via de un cientificismo una expresión utópica del siglo hasta el punto de fundar una fe en la ciencia, que poco tiene que ver con la ciencia real y que situandose en una perspectiva, ligeramente delirante, saludaba el advenimiento de tecnologías salvadoras que llegarían a develar los misterios del otro mundo.
Otro aspecto considerado por este inteligente libro, es el ambito de los espiritualismos con ambiciones científicas. Espiritismo, teosofía y magnetismo que prometían que el avance científico llegaría a develar los misterios del espíritu. La autora afirma que "desde mi perspectiva, esta aspiración científica fue la integrante mas original de la tríada. Antes que meras reacciones, estas corrientes constituyeron una consecuencia inesperada del cientificismo, una manifestación crítica pero no negadora del valor de la ciencia como forma de conocimiento del mundo". Aqui no solo se trataba de insuflar en la ciencia un valor espiritual, sino había una vocación de transformación de nuestro mundo conforme a las enseñanzas que se recibierán del mas allá, de una sintesis del nudo comun a las religiones occidentales y orientales y de las fuerzas ocultas que, como el magnetismo animal se suponía que fundarían una ciencia menos positivista.
En el ambito de la literatura fantástica nos topamos con agudas reflexiones acerca de Leopoldo Lugones que en Las fuerzas extrañas (1906), atraviesa sus cuentos de preocupaciones teosóficas y espiritistas; Horacio Quiroga que en Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917) con menores informaciones científicas, pero quizás con una presencia de lo siniestro que atraviesa sus mejores cuentos, produjo un obra donde lo inexpresable de la existencia se topa con lo sangriento de lo vivo, dejando en el lector una expresion de desasosiego que indica lo real explorado en estos textos. Finalmente un autor menos conocido pero de merecido rescate por la autora de este libro, Atilio Chiappori, quien en su paso por la universidad había dejado inconcluso sus estudios antes de recibirse de médico, convirtió sus cuentos en experimentaciones precisas sobre el paso de la razón a la locura, el ocultismo y la metempsicosis y lo siniestro que habitaba ciertas tecnicas seudocientíficas como la mediumnidad y la hipnosis. Borderland (1907) y la compilación posterior La isla de las rosas rojas (1925) muestran, en sus cuentos, un rico entramado de nociones medico-psiquiatricas, teorias ocultistas sobre la mente y el cuerpo y la estética decadentista y su gusto por lo oscuro, lo sobrenatural y lo extraño, donde es posible adentrarse en una experiencia del horror que en nada desmerece su carácter literario.
En suma, este libro nos muestra que en años entre los siglos XIX y XX la ciencia era creadora de las fantasías mas espectaculares. Entre la doxa de la prensa, la pretendida episteme espiritualista de la teosofia, el magnetismo y el espiritismo y los fantasmas mas notables puestos sobre el papel por literatos precisos, se gestaba un mundo crepuscular donde el calificativo de ciencia

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